Un instante sublime de contemplación.
Texto:
Héctor García Sánchez
Rehabilitación Caleta de Guatiza, Teguise, Lanzarote
Arquitectos:
Antonio Suárez Linares y Carlos J. Hernández Gómez
4 2´92 latitud y longitud de un espacio gráfico temporal; un instante grabado en papel fotográfico… una
foto… Impresa con esos dígitos temporales de referencia; imagen que simula una ventana de regreso al
pasado, la cual nos acerca a un momento preciso que congela en foto el efecto de lo imperceptible de la
arquitectura de lo mínimo en un paisaje delicado, sorprendente…
Frente al anfiteatro basáltico de la Caleta el mar bravo rompe en el bufadero. El agua y la espuma
salpican sobre las rocas. El salto del agua marca en altura la fuerza y escala del impacto. La veladura,
creada por el mar de gotas suspendidas en el aire, tamiza la línea de horizonte que se insinúa más allá.
Las nubes parecen formar parte de ella. Puede sentirse la atmósfera de la brisa y el aroma de
rompiente. Las rocas reciben parte del agua rota y sus salpicaduras. Se forman charcos dinámicos de
espuma licuosa evanescente. En otros, ajenos a las salpicaduras, se refleja el cielo. Más acá, una silueta
parece diluirse, casi camuflarse en el escenario natural. Es la silueta del arquitecto que, cual maestro
lector y amanuense certero de la esencia del lugar, se muestra absorto mirando a sus pies. Parece no
poder evitar la sorpresa y agrado frente a la belleza de una nueva escenografía que el mar exhibe sobre
el nuevo suelo de maderas. La tablazón que pisa se baña del mar calmando su bravura. El agua reposa
en ella, se contiene. Tras la ola, sobre la superficie se forma una sutil lámina de agua. En ese segundo
grabado en papel, una nueva orilla se dibuja ondulante sobre las maderas. En ellas no solo el ser
humano puede disfrutar tumbado al sol, también lo hace el mar y sus diferentes estados del agua.
¿Paisaje de agua, maderas o solárium? todos y más… 4 2´92 es ese instante excepcional que acompaña
la experiencia de vivir esta obra; arquitectura de lo mínimo que lee e identifica como propio al lugar y
sus transformaciones ambientales a lo largo del tiempo. Arquitectura del suelo en simbiosis perfecta con
sus procesos naturales. Paisaje inesperado de mar enmarcado sobre listones de madera. Un patchwork
de maderas que ordenan el orden natural del lugar. Geometrías sobre las que el efecto del sol y el aire
extrae nuevas formas del agua; aguas geometrizadas sobre tablones que condensan nuevas formas de la
sal. Es el nuevo estado del agua sobre la madera. Agua evaporada o cristalizada, que tinta de blanco
salino los poros y fisuras de los tablones. Micro paisajes de cristales de sal sobre maderas cuyas
geometrías simulan componer otra salina inesperada; espejismo efímero de aquellas que más arriba
muestran su historia en los muros de piedra erosionados por el paso del tiempo y las incrustaciones de
sal. Y alrededor, se observa el fondo de arenilla y roca; el recodo y las casas; una orilla de rocalla; otra de
hormigón a modo de rampa, que diluye su trazo descomponiéndolo en guiones de maderos
secuenciados hasta el encuentro del mar; el bufadero; el espigón; los charcos; y la nueva orilla… esa de
maderas y agua y sal… A su espalda un banco, pliegue de la tablazón del suelo, y un muro de piedra
volcánica que mira al anfiteatro natural de la Caleta de Guatiza. Y entre todo ello, aún se vislumbra la
figura tenue del arquitecto que sigue observando maravillado en 4 2´92 … que no es latitud ni longitud,
sino su instante de deleite por su obra de arquitectura silente y respetuosa con el paisaje de la Caleta.

